Colombia y Japón reactivan la negociación de un acuerdo económico que puede abrir nuevas oportunidades

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Los dos países acordaron instruir a sus equipos técnicos para retomar las conversaciones del Acuerdo de Asociación Económica.


Colombia acaba de abrir nuevamente una puerta comercial hacia una de las economías tecnológicamente más importantes del mundo.

El ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amín, se reunió este jueves en Tokio con el canciller japonés Toshimitsu Motegi y ambos países acordaron instruir a sus equipos técnicos para reactivar las negociaciones del Acuerdo de Asociación Económica, EPA.

El acuerdo no significa que Colombia y Japón hayan firmado un tratado comercial.

Lo que ocurrió fue un paso previo: volver a poner en marcha las conversaciones técnicas.

Y el potencial es importante.

El Gobierno colombiano identifica oportunidades en sectores como agroindustria, inversión y transferencia de tecnología. Además, durante la agenda en Japón se plantearon posibilidades relacionadas con vehículos híbridos y eléctricos, infraestructura de carga y desarrollo de proveedores locales.

Para Colombia, Japón representa algo más que un mercado.

Es también una fuente potencial de tecnología, inversión y conocimiento industrial.

La reactivación de las negociaciones ocurre además mientras el Gobierno busca ampliar mercados para empresas colombianas y atraer capital extranjero hacia sectores estratégicos.

Para los consumidores y empresarios, sin embargo, hay que poner los pies en la tierra.

Todavía falta negociación.

Todavía no existe un nuevo acuerdo económico firmado.

Y será necesario definir asuntos como acceso a mercados, condiciones comerciales, reglas de origen, inversión y compromisos sectoriales.

Pero el mensaje político y económico de hoy sí es importante:

Colombia y Japón quieren volver a negociar.

Y para un país que busca diversificar sus relaciones comerciales, mirar hacia Japón puede ser significativo.

La pregunta ahora es qué tan lejos podrá llegar esa negociación.

Porque detrás de un acuerdo comercial no hay solamente documentos diplomáticos.

Hay oportunidades —o pérdidas— para empresas, trabajadores, productores y consumidores.