En medio de un momento de alta tensión diplomática con Estados Unidos, el gobierno de Venezuela lanzó este 20 de noviembre la serie biográfica Nicolás, protagonizada por el presidente Nicolás Maduro, como una narrativa oficial que busca redefinir su historia personal y política.
La producción, presentada como “una historia vivida, real, diferente a las historias inventadas de Hollywood”, recrea la infancia, adolescencia y juventud de Maduro entre 1970 y 1990, antes de su ingreso al activismo socialista. Entre sus episodios iniciales describe su paso por el béisbol en Estados Unidos , una promesa truncada y su decisión de dedicar su vida al socialismo.
El estreno se dio en un contexto político complicado: EE. UU. intensificó sanciones y denuncias contra altos mandos venezolanos por supuestos vínculos con narcotráfico, mientras Caracas denuncia una campaña de presión internacional. La serie, además, coincide con movilizaciones propagandísticas del chavismo, entre cómics y caricaturas protagonizados por Maduro.
Para sus promotores, la producción representa una forma legítima de reivindicar el legado revolucionario y el papel histórico de Maduro, presentándolo como “hijo del pueblo” y continuador del legado del fallecido gobernante Hugo Chávez.
Sin embargo, analistas y críticos advierten que la serie incurre en una construcción narrativa sesgada. Según estos, omite aspectos centrales de la crisis venezolana, como la emergencia humanitaria, denuncias de violaciones a derechos humanos, presos políticos, emigración masiva y acusaciones de corrupción.
El debate se centra ahora en si la serie funcionará como mecanismo de legitimación interna y propaganda externa, en un momento en que la imagen internacional del país está seriamente cuestionada. Las próximas semanas serán claves para evaluar su recepción nacional e internacional, así como su impacto en la percepción pública sobre Maduro y el gobierno chavista.
