La Gran Parada de hacedores fusiona artes y oficios en un espectáculo que redefine la identidad cultural del departamento.
En una noche donde la historia cobró vida a través del movimiento, el municipio de Baranoa se convirtió en el escenario de una de las puestas en escena más ambiciosas del Carnaval del Atlántico. Con 520 artistas en escena, la Concha Acústica de la Majestuosa Banda de Baranoa fue el lienzo donde se dibujó el tributo a la Ruta de la Tradición, reafirmando la consigna departamental: el Atlántico es el lugar "donde todo comenzó".
Narrativa de manos y ritmos
El espectáculo, que se extendió por una hora y 20 minutos, fue mucho más que una sucesión de bailes. Bajo la visión creativa de Luis Carlos García, la obra se dividió en dos actos que celebraron la musicalidad popular y el oficio artesanal. La narrativa buscó conectar el trabajo laborioso de campesinos y artesanos con la expresión dancística, demostrando que el arte del Atlántico se moldea con las mismas manos que cultivan la tierra y crean gastronomía.
El gobernador Eduardo Verano, impulsor histórico de este formato festivo, destacó que la verdadera importancia del evento radica en la identidad que cada hacedor imprime en su ejecución. Desde la Danza de la Butifarra de Soledad hasta el Son de Negro de Santa Lucía, 16 grupos patrimoniales marcaron las estaciones de un viaje por la memoria colectiva del territorio.
Homenaje a la resistencia folclórica
Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue el reconocimiento a Lesbia Roa, la única "coquera" de Baranoa, cuya labor en la danza campesina guerrera simboliza la resistencia de las tradiciones locales. A este sentimiento de orgullo se sumó Mathius Ruz, voz líder de Tonada, quien hizo un llamado a posicionar la música de ancestros en un mercado global competitivo, defendiendo los ritmos de chalupa, pajarito y merecumbé que fueron interpretados con maestría por la Majestuosa Banda de Baranoa.
Cultura con propósito social
Fiel a su enfoque integral, el Carnaval del Atlántico también dio espacio a las nuevas narrativas urbanas. La Fundación ACHE utilizó la fuerza del baile callejero y la colaboración con el artista Óscar Prince para enviar un mensaje potente sobre la salud mental y la prevención del bullying. Esta inclusión demuestra que la tradición no es estática, sino un organismo vivo que dialoga con las problemáticas actuales de la juventud.
El cierre, que contó con la ovación de miles de asistentes y espectadores a través de Telecaribe, estuvo a cargo de figuras como Diego Daza y el Grupo Bananas, sellando una noche que Hilton Escobar, director del Carnaval, calificó como "talento con sello Atlántico".








